Vinto no es una startup. Es una empresa estatal con décadas de operación, procesos complejos y equipos que están acostumbrados a trabajar de cierta manera. No podíamos llegar con un software genérico y pedirles que cambien sus procesos; teníamos que entender su operación y construir algo que se adaptara a ellos.
Además, el sistema debía ser robusto, seguro y capaz de manejar datos sensibles de una empresa del gobierno boliviano.