Sistema para importadoras en Bolivia: costo, stock y dólares


Una importadora boliviana no se parece a una tienda que compra en La Paz y revende. Compra en otra moneda, paga un flete que llega semanas después, nacionaliza en aduana, reparte la mercadería entre depósitos y la vende por unidad, por caja y por mayor, a veces en bolivianos y a veces en dólares. Cada uno de esos pasos mueve el costo real del producto, y si el sistema no lo sigue, el margen se calcula sobre un número que no existe.
Este artículo cuenta qué tiene que hacer un sistema para que esas cuentas salgan bien. Está escrito con lo que aprendimos construyendo el sistema de gestión de una importadora de Oruro que lo usa desde marzo de 2026. Si buscas el panorama general de por qué conviene un sistema propio frente a las planillas, está en nuestro artículo sobre ERP a medida para PyMEs.
Por qué una planilla deja de alcanzar
Casi todas las importadoras empiezan con Excel, y está bien. El problema aparece cuando el negocio tiene más de un depósito, más de un vendedor y más de un contenedor en camino. Ahí la planilla se parte en varias: una por depósito, otra para el costo de cada importación, otra para los precios. Nadie sabe cuál es la buena.
Los síntomas son siempre los mismos:
- El stock de un depósito se cuenta aparte y no coincide con lo que dice la lista de precios.
- El costo de un producto es el de la factura del proveedor, sin el flete ni la aduana.
- Los precios se fijaron con un tipo de cambio que ya no es el de hoy, y nadie lo notó.
- Una venta por caja se descuenta como si fuera una unidad, o al revés.
Ninguno de estos errores es grave un día. Sumados durante un año, deciden si el negocio gana o pierde.
El costo puesto en almacén, paso a paso
El dato más importante de una importadora es el costo puesto en almacén: lo que realmente costó tener un producto en tu estante, listo para vender. No es el precio de la factura del proveedor. Es la suma de todo lo que pagaste para traerlo:
- La factura del proveedor, en la moneda en que compraste (dólares, yuanes, euros), convertida a bolivianos con el tipo de cambio del día en que pagaste.
- El flete internacional y el transporte interno hasta tu depósito.
- Los tributos y gastos de aduana: el gravamen arancelario, el despachante, el almacenaje.
- Los gastos menores que se olvidan: seguro, comisiones bancarias por la transferencia al exterior, estiba, el camión del puerto seco al depósito.
Hay un detalle que cambia el número: el IVA que pagas al importar. Para una empresa del régimen general, la Declaración de Mercancías de Importación (DIM) es un documento equivalente a la factura y da derecho a crédito fiscal, según la RND 102100000011 del SIN (artículo 3, definiciones). Por eso ese IVA no debería sumarse al costo del producto: lo recuperas por otro lado. Si lo sumas, tus precios salen inflados. Confírmalo con tu contador, porque depende de tu régimen.
Cómo repartir el flete entre los productos
Un contenedor trae cincuenta productos distintos y una sola factura de flete. ¿Cuánto flete le toca a cada uno? Hay tres formas habituales de prorratear:
- Por valor: cada producto carga flete en proporción a lo que costó en la factura. Es la más simple y la que suele usarse para los tributos, que se calculan sobre el valor.
- Por volumen o peso: el producto que ocupa más espacio carga más flete. Es la más justa para el flete marítimo, que se cobra por espacio.
- Por unidades: todos cargan lo mismo. Solo sirve si los productos son parecidos.
Un ejemplo con números redondos, solo para ver la diferencia. Llegan dos productos: 100 hervidores que costaron en total 1.000 dólares y ocupan 2 metros cúbicos, y 100 juegos de cubiertos que costaron 1.000 dólares y ocupan medio metro cúbico. El flete fue de 500 dólares. Por valor, cada lote carga 250. Por volumen, los hervidores cargan 400 y los cubiertos 100. Con el primer método, el cubierto parece más caro de lo que es y el hervidor más barato. Si fijas el precio con ese costo, vendes barato justo lo que más te cuesta traer.
No hay un método correcto para todos. Lo importante es que el sistema permita elegirlo por tipo de gasto y que lo deje escrito en cada importación, para que el costo se pueda revisar después.
Precios por unidad, por caja y por mayor
En una importadora el mismo producto se vende de tres formas. El cliente del mostrador lleva una unidad; el comerciante de provincia lleva cajas cerradas; el mayorista lleva cantidad y negocia el precio.
Un sistema que lo resuelve bien guarda una sola unidad de stock (la unidad suelta) y convierte todo lo demás. Si una caja trae doce, vender una caja descuenta doce unidades. Así el stock nunca se parte en «unidades sueltas» y «cajas» que hay que cuadrar a mano.
Encima de esa base, cada producto tiene sus precios: por unidad, por caja y por mayor, con la regla que defina la empresa para pasar de uno a otro (desde cuántas cajas aplica el precio por mayor, por ejemplo). El vendedor no debería elegir el precio de memoria: el sistema lo propone según lo que se está vendiendo y a quién.
Stock por depósito y por sucursal
Cuando hay varios depósitos, la pregunta «¿cuántos quedan?» siempre lleva otra: «¿dónde?». El sistema tiene que responder las dos.
Eso significa que cada movimiento de mercadería queda registrado con su origen y su destino:
- Ingreso de una importación al depósito donde se descargó.
- Transferencia de un depósito a otro, que descuenta de uno y suma al otro, con quién la envió y quién la recibió.
- Venta desde la sucursal que la hizo.
- Ajuste cuando el conteo físico no coincide, con el motivo.
Con eso, el stock de cada lugar es la suma de sus movimientos y no un número que alguien escribe. Y cuando no cuadra, se puede rastrear qué pasó.
Vender en bolivianos y en dólares con un tipo de cambio que se mueve
Hay importadoras que cobran todo en bolivianos y otras que tienen sucursales o clientes que pagan en dólares. En los dos casos, el tipo de cambio afecta a todo: al costo (porque compraste en dólares), al precio (porque vendes en bolivianos) y al margen (que es la diferencia entre los dos).
Lo que aprendimos:
- Cada documento guarda su propio tipo de cambio. La importación guarda el del día en que se pagó; la venta guarda el del día en que se vendió. Si el sistema usa siempre el de hoy, los reportes de meses pasados cambian solos cada vez que se mueve el dólar.
- La empresa fija su tipo de cambio. Puede mirar el oficial y el del mercado, pero el que usa para vender lo decide ella, y el sistema registra cuándo lo cambió.
- El sistema avisa qué precios quedaron atrás. Si el dólar sube y un producto se compró caro, su precio en bolivianos puede estar por debajo del costo. Eso tiene que aparecer en una lista, no descubrirse en el cierre del mes.
- El margen no se mezcla. Una venta en dólares y una en bolivianos se comparan contra el costo en la misma moneda, o el reporte de rentabilidad engaña.
Un caso real: Importadora Ventur
Importadora Ventur trae de China electrodomésticos y menaje, con su propia marca RAF, y los vende en Oruro por mayor y al público desde varios depósitos y sucursales. Una de ellas está en Bermejo, donde se cobra en dólares.
Cuando empezamos, el negocio crecía más rápido que sus planillas: el stock de cada depósito se contaba aparte, el costo real de un producto se perdía entre la factura en yuanes, el flete y la aduana, y los precios quedaban desfasados con cada movimiento del tipo de cambio.
Construimos con ellos un sistema que resuelve lo que contamos arriba:
- Cada producto tiene su precio por unidad, por caja y por mayor, su stock en cada depósito y su foto.
- Las importaciones se cargan desde la factura del proveedor y suman flete, aduana y gastos hasta el costo puesto en el almacén.
- El tipo de cambio se compara con el oficial y el paralelo, la empresa fija el suyo y el sistema avisa qué precios quedaron atrás.
- El punto de venta lee el código de barras y emite la nota de venta; la venta puede ser al contado, a crédito o por mayor, y se puede editar o anular sin descuadrar el stock.
- Las transferencias entre depósitos dejan registro y las etiquetas con código de barras se imprimen desde el sistema.
- La caja se abre y se cierra con arqueo, y la gerencia ve ventas, rentabilidad y cartera por período.
Lo empezamos por el mostrador y el depósito, no por los reportes: primero cómo se vende por caja y por unidad, cómo se cuenta el stock y cómo se calcula el costo de un contenedor. Los reportes salen bien solo cuando eso está bien. Lo entregamos por módulos y sigue creciendo con la empresa. Las pantallas están en el caso de Ventur.
Qué preguntar antes de elegir un sistema
Sea con nosotros o con otro proveedor, estas preguntas separan un sistema para importadoras de un punto de venta genérico:
- ¿Cómo calcula el costo puesto en almacén? ¿Puedo elegir cómo se reparte el flete?
- ¿El stock se lleva por depósito y las transferencias dejan registro de quién envió y quién recibió?
- ¿Una caja se descuenta como sus unidades, sin cuadrar a mano?
- ¿Cada venta e importación guarda su tipo de cambio, o los reportes viejos cambian con el dólar de hoy?
- ¿Me avisa cuando un precio quedó por debajo del costo?
- ¿Cómo se emitirá la factura? Si tu empresa factura en línea con el SIN, el sistema tiene que estar preparado para eso; la norma está en nuestra guía de facturación electrónica en Bolivia y lo que debe hacer el punto de venta, en facturación en línea del SIN en tu punto de venta.
Un sistema a medida no es la respuesta para todas las importadoras. Si tienes un solo depósito, pocos productos y compras siempre al mismo proveedor, un sistema comercial bien configurado puede bastar. Cuando hay varios depósitos, varias monedas y contenedores con decenas de productos, es donde un sistema hecho para tu forma de trabajar se paga.
Si quieres ver cómo quedó en una importadora real, el caso de Ventur muestra cada módulo, y en desarrollo de aplicaciones contamos cómo trabajamos. Si tu importadora está en ese punto en que las planillas ya no alcanzan, escríbenos y lo vemos con tus números.